Comenzamos
el S. XXI con un mundo dominado por la
tecnología y la inmediatez, lo cual posee ventajas y desventajas tanto en el ámbito
colectivo como en el individual.
El
sistema económico predominante, así como el político y religioso se están
agotando, no queriendo decir con esto que no hayan servido, sino que su
utilidad en función del ser human o está agotándose, están llegando a su final.
Opuesto
al sistema capitalista de producción, que cada vez ha ido alejando mas al
hombre de su naturaleza, resurgen a manera de compensación viejos modelos que
han evidenciado su fracaso en la práctica a un costo de pobreza y sufrimiento
social muy elevado, con la concentración de poder en líderes inmaduros y egoístas
que pregonan el igualitarismo de las masas, pero concentran y promueven las
riquezas en cúpulas corruptas, falsas y manipuladoras.
La
explotación indiscriminada de la tierra a todo nivel ha dado lugar a cambios en
el clima con repercusiones negativas en los diversos ecosistemas, y a la hora
de unificar criterios para el bien colectivo, los intereses económicos y las
mezquindades políticas, impiden llegar a sanos acuerdos.
Grandes
sectores de la
Iglesia Católica siguen apegados a dogmas y preceptos que por
su falta de evolución se han ido aislando del colectivo tanto religioso como
seglar. Día a día cantidad de fieles y ministros deciden cambiarse a cultos,
sectas y/o religiones que llenan el vacío
espiritual que el descuido de la esencia del Ser Humano ha ido agrandando.
Sumado esto a una sexualidad mas
sincera, pero en ocasiones también mas distorsionada que lejos de ser una parte
fundamental en el origen y en la felicidad del Ser Humano, se convierte en
fuente de enfermedades y muertes (fin de la vida, en vez de su comienzo).
Por
otro lado, supuestos líderes religiosos extremistas y fundamentalistas “en nombre de su Dios” se han tomado el derecho a
la vida en sus manos y se creen con el poder de destruirlo todo a su antojo y
falsedad.
Estamos
en una carrera histórica precipitada hacia el colapso de los modelos
existentes, sin darnos cuenta de la velocidad de la misma, ya que estamos
inmersos en el caos, tratando de sobrevivir. Las enfermedades emocionales y en
consecuencias las patologías físicas incapacitantes y mortales aumentan cada día
en edades mas tempranas y de forma cada vez mas fulminantes. Ni hablar de los
accidentes que el aceleramiento angustioso de la existencia nos impone.
Ante
este panorama y la tendencia de la naturaleza de siempre buscar el equilibrio,
este vacío va dando lugar, pero de manera mucho mas lenta y “sedimentada” a una “vuelta” a la búsqueda de la esencia de la
vida, y en consecuencia de cambios profundos a nivel individual en primer lugar
que irán generando un colectivo mucho mas maduro y mucho menos manipulable. El
hombre nuevo tomará mas conciencia de su papel como integrante del Todo, lo
cual hará que se superen las inmaduras diferencias entre los seres.